Zaragoza modernista

Un paseo por la Zaragoza modernista

A veces, al caminar por las calles de una ciudad, tenemos la oportunidad de contemplar lo mismo que otras personas vieron hace décadas o incluso siglos.

Hoy te ofrecemos un paseo por algunos de los edificios modernistas construidos en Zaragoza a principios del siglo XX.
Una época marcada por un impulso cultural
generalizado que buscaba romper los moldes de tiempos anteriores.
También en arquitectura. El mundo comenzaba a ser global. La burguesía
había ganado protagonismo como clase social a lo largo del siglo XIX.
Ahora pretendía embellecer sus viviendas, oficinas y fábricas.

El arte arquitectónico, ese que
trasciende la mera funcionalidad, dejó atrás las grandes catedrales y
los palacetes de la decadente aristocracia. El talento y la innovación
empezaban a desplegarse en los edificios donde iban a residir las
familias más pudientes. También en los centros de trabajo de sus
empresas.

Zaragoza no fue una excepción. En 1900 se
aprueba el primer proyecto de transformación urbana en el actual Paseo
de Sagasta, hasta entonces conocido como Camino de Torrero. Los
arquitectos más vanguardistas de la ciudad y algunos llegados de otras
tierras, comienzan a dibujar en las fachadas y en los interiores formas
dinámicas, líneas sinuosas, ornamentaciones vegetales y motivos
estilizados y elegantes. El vidrio y la forja ganan protagonismo para
dar a los edificios un aire de ligereza y transparencia.

Buenos ejemplos de ello son La Casa Juncosa (en el número 11 de esta avenida), obra de José de Yarza Echenique (1903); la Casa Retuerta (nº 13) y la Casa Corsini (nº 19), ambas del talaverano Juan Francisco Gómez Pulido (1904); la vivienda de Paseo de Sagasta 17, de Félix Navarro (1904); o la Casa Palao (nº 76),
de su hijo Miguel Ángel Navarro (1912).

Pero no acaba aquí nuestro paseo modernista, ya que en la calle Alfonso I y sus alrededores se encuentra el segundo núcleo importante de este estilo arquitectónico en la capital aragonesa. El Casino Mercantil, en el número 29 de la calle Coso, es posiblemente el mayor exponente del modernismo zaragozano. Su arquitecto, Francisco Albiñana Corralé, firmó el proyecto en 1912 cuando solo tenía 25 años. El edificio destaca por su gran equilibrio entre las innovaciones arquitectónicas internas y externas, así como por la incorporación de elementos constructivos centroeuropeos.

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