Carlos Sanz Zaragoza

“Queremos formar una marea azul que diga ‘sí’ a la donación de órganos”

ENTREVISTA A CARLOS SANZ. Presidente de la Fundación Carlos Sanz.

Carlos Sanz es un luchador, incluso un superviviente. A la edad de 38 años y siendo árbitro asistente de la Primera División de fútbol, debe recibir un trasplante de hígado tras haber contraído el virus de la hepatitis C. Luego vendrán tres trasplantes más por problemas de compatibilidad, y dos prótesis de cadera y otras dos de rodilla por los efectos secundarios de los inmunosupresores.


¿Cómo afrontas esos momentos tan duros?

Yo siempre digo que he ido jugando con la vida, a ganar y a perder. La vida me quitaba, y yo luego le ganaba y hacía otra cosa… Estaba en la élite del arbitraje, a punto de ser internacional, y la vida te dice “Deja de disfrutar de lo que más te gusta”. La primera vez me llevaron a la clínica Puerta de Hierro de Madrid, y entré en coma nada más llegar. Pensaban que no iba a sobrevivir. Incluso avisaron a mi familia para que viniera. Pero a los cinco días desperté y me pusieron en lista de espera para el trasplante.
Y llegaron cuatro trasplantes sucesivos entre 1998 y 2002.

Con esto aprendes que hay muy poca diferencia entre estar y no estar; que la línea entre el fracaso y el éxito es muy fina… No disfrutamos de las cosas que la vida nos da porque pensamos que todo es para siempre, pero en la vida nada es para siempre.

Una vez recuperada la salud, te lanzas a seguir practicando deporte, participando incluso en competiciones para personas trasplantadas

Así es. Tuve que dejar el arbitraje, me puse a competir en atletismo, y cuando estaba a un nivel top, la vida me lo quitó. Me tuvieron que poner dos prótesis de cadera. Y entonces comencé a hacer natación, algo que a priori no me gustaba. Trabajaba el doble que en atletismo para conseguir la mitad de resultados.

En 2010 lo dejé y empecé a hacer alta montaña. En 2013 voy al campo base del Everest; en 2015 y 2016 hago el proyecto de las 17 cimas más altas de las comunidades autónomas… todo ello para hacerle ver a la gente que con voluntad lo puedes conseguir todo.

¿Cuál ha sido el triunfo más grande de tu vida?

Quizá a nivel deportivo el momento más feliz fue cuando fui campeón del mundo de atletismo en Francia. Y también cuando acabamos el proyecto de las 17 cimas fue un momento bonito, porque las hice con mi hijo y porque en aquel momento estaba esperando que me pusieran las prótesis en las rodilla.


La Fundación que promueves en 2008 y que lleva tu nombre organiza el próximo 1 de junio la segunda edición de la carrera/andada “Muévete por la donación de órganos” ¿Cuáles son los objetivos de esta iniciativa?

En la Fundación tenemos varios pilares básicos: trabajar con deportistas, difundir nuestro mensaje en colegios, universidades, empresas, equipos deportivos, cárceles, academias de oposiciones (el año pasado di 210 charlas, que no está mal…) y dar 1.000 becas al año para material escolar.

Y luego, nos hemos metido en la carrera que tiene como objetivo formar una marea azul que diga sí a la donación de órganos. No hay ningún evento en Aragón que sea como este.

Este año vamos a duplicar el número de participantes del año pasado. Queremos convertirnos en un referente, y que cuando la gente oiga nombrar esta carrera piense en la necesidad de donar órganos.

España lidera la lista mundial de trasplantes de órganos, y Aragón se sitúa incluso por encima de la media española ¿Qué nos hace tan solidarios y en qué debemos mejorar?

Siempre se puede mejorar. Tenemos unas tasas envidiables de donación, pero si te quedas con el halago, al final te vas debilitando y dejas de estar en la cumbre. Somos solidarios y somos líderes porque el proyecto es muy transparente, y tú sabes que si estás mal vas a una lista y no te van a saltar.

¿Cuál es tu mensaje para todas aquellas personas que todavía no han decidido ser donantes de órganos?

Yo he visto a mucha gente como yo que se ha quedado en el camino, bien por no tener suerte de ser trasplantado, o bien porque cuando pasas por estas situaciones algunas personas retroceden y solo buscan paz y tranquilidad.

A los posibles donantes yo les diría que esto le puede pasar a cualquiera. Cuando yo tenía 37 años nunca pensé que iba a vivir lo que me ha tocado vivir.

Por eso, aunque solo sea por una cuestión personal de egoísmo, hay que dar el paso. Pero además, hay que ver la parte del receptor: tu familiar o tu ser querido ha muerto, pero gracias a que yo vivo, una parte de tu familiar o de tu ser querido está vivo dentro de mí.

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